martes, 10 de junio de 2008

Cristina visitó Castillo y pegó duro contra el campo


La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, inauguró el miércoles pasado una nueva red de agua potable en un acto en el que además, criticó a los sectores del agro que desde hace más de noventa días mantienen un conflicto con el gobierno nacional.
La Presidenta llegó cerca de las 16.30 a la carpa montada en la Avenida Polledo y la calle Tres Cruces acompañada por el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, el vicegobernador, Alberto Balestrini, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza.
Ante unas 4 mil personas que se acercaron hasta el lugar, Cristina, cargó duramente contra el paro de los productores rurales y aseguró que "sólo aquellos que ganaron mucha renta, mucha riqueza, pueden darse el lujo de estar noventa días sin trabajar.
"Yo me pregunto: ¿qué trabajador, qué comerciante, qué empresario, por más grande que sea, puede estar tres meses de paro? Solamente los que han acumulado mucha renta y mucha riqueza; el resto tiene que salir a trabajar", atacó Cristina.
La Primer Mandataria visitó esta ciudad matancera con el fin de inaugurar obras que se realizan en el marco del Programa Agua+Trabajo que brindará paulatinamente agua potable a todos los vecinos del Partido de La Matanza.

Investigan si policía fue víctima de maras

Fuente: Diario El Día

Hace un año, la opinión pública se estremeció ante los macabros detalles del caso Nilda Ledesma, una chica de 22 años torturada, violada y finalmente asesinada en La Matanza por un grupo delictivo liderado por el temible "Lágrima", apodo de un sujeto con fuertes conexiones con las peligrosas maras centroamericanas. Ahora, la justicia investiga el vínculo de ese homicidio con la brutal ejecución de un policía bonaerense, a quien balearon en la cabeza cuando dormía en un colectivo. En ambos casos, los investigadores sospechan que se trató de "rituales" de iniciación, signos inequívocos del avance de la "cultura marera" en nuestro país.

Según pudo averiguarse de fuentes reservadas, en las últimas semanas los investigadores judiciales del crimen de Nilda solicitaron informes en torno a la situación del expediente por el aún impune homicidio del oficial bonaerense Hernán Clemente Bértola, quien resultó asesinado el 20 de mayo del año pasado, cuando dormitaba en el asiento trasero de la línea de colectivo 622, a la altura de Villa Dorrego, y recibió un furibundo balazo en la cabeza.
¿Por qué lo mataron? Esa fue la pregunta que todos se hicieron ante el salvajismo del crimen de Bértola, y no alcanzaba con el faltante en la escena del crimen del arma reglamentaria de la víctima. Ahora, cuando faltan pocos días para el aniversario de la oscura ejecución, trascendió que la muerte del uniformado tendría relación directa con el grupo de "mareros" que previamente había torturado y matado a la joven Ledesma.

Lágrimas y salvajismo

Como se dijo, el año pasado un informe publicado por este diario reveló el caso de Nilda Eugenia Ledesma, una chica de 22 años cuyo cuerpo sin vida apareció dentro de un tanque de agua, en un terreno baldío ubicado en el kilómetro 24 de la Ruta Nacional N°3, en el cruce de las calles Tres Cruces y Vírgenes, a la altura de la localidad de Rafael Castillo. El caso ocurrió el 13 de mayo de 2006, y la autopsia reveló detalles de lo que fue una verdadera pesadilla para la víctima: rastros de torturas, golpes y abusos sexuales reiterados. La causal de muerte, sin embargo, fue asfixia mecánica, pero luego de varias horas de padecer el horror en carne propia.

"El estado del cadáver de Nilda, cómo la dejaron, es imposible de narrar, describir. La destrozaron, como ni siquiera los animales harían con sus presas", contó en aquel momento el abogado de la familia, Gabriel González Graham. "De inmediato, surgió la sospecha de un crimen ritual, porque no cerraban otras posibilidades, y ahí se empezó a investigar una hipótesis que condujo directamente al Lágrima".

El dato lo brindó un menor de edad, quien el día anterior al hallazgo del cuerpo de Nilda observó a la víctima con dos sujetos. Uno de ellos era "Lágrima". Según las sospechas de la familia de Nilda y de su representante legal, la chica no fue asesinada con el objetivo de un abuso sexual, un ajuste de cuentas o una cuestión pasional, sino que se habría cometido como parte de un sangriento y demencial rito marero. "Las evidencias son claras. Sabemos que el principal sospechoso tiene contactos con algunos líderes de la Mara Salvatrucha, una de las más peligrosas del continente. De hecho, tiene marcas en el cuerpo que así lo acreditan. Los tatuajes, las huellas dactilares borradas con ácido, para evitar ser reconocido, y la utilización de unos 25 nombres falsos, revelan esta cuestión", dijo González Graham.

Ojos bien abiertos

Con "Lágrima" lejos de las prisiones del país, ya que actualmente reside en la capital de Perú, sus peligrosos seguidores continuaron operando en toda la región de La Matanza. Así lo dan cuenta decenas de testimonios en distintas causas judiciales. Sin embargo, fue el homicidio del policía Bértola el que volvió a centrar las miradas en la célula argentina de las reconocidas maras centroamericanas.

Este homicidio ocurrió en el interior de un colectivo, con varios testigos, y el asesino aprovechó que Bértola dormía, tras prestar dos servicios adicionales en continuado. El policía tenía 41 años y era padre de cuatro hijos. El día de su muerte había trabajado en la seguridad de dos partidos de fútbol, y habitualmente se desempeñaba en la División Canes de la policía provincial.

En el rodado no se registró ningún robo, lo que constituyó la primera sospecha de los investigadores. De acuerdo a la reconstrucción, el delincuente se acercó tranquilamente al uniformado, sacó un arma de fuego y efectuó un disparo, seco, dirigido a la cabeza de la víctima. Bértola murió al instante, y su cadáver quedó tendido en el piso del colectivo, en medio de la desesperación de los pasajeros.

Matar por "escalar"

El agresor, vestido con pantalón negro, buzo gris con capucha y de unos 20 años, lejos de demostrar nerviosismo, se inclinó y sacó la pistola 9 milímetros del oficial caído. Luego, descendió del vehículo y escapó del lugar. "Los testimonios indican que tenía un completo dominio de sus facultades motrices y mentales. Fue un asesinato a sangre fría", dijo una fuente policial.

Así, durante meses la investigación avanzó lentamente, hasta que comenzó a relacionarse el crimen con un posible ritual de iniciación "marero". Con este esquema, la sospecha es que "algún integrante de la mara matancera tenía que demostrar cualidades y, aunque suene duro, decidió aprovechar la oportunidad de tener a su disposición un policía durmiendo, con el solo objetivo de escalar posiciones en la pandilla".

Denuncian una causa armada en muerte de limpiavidrios


Fuente: El Día

Lucas Ariel Roldán había quedado desocupado, tras perder su trabajo en una imprenta y para mantener a sus dos pequeños hijos había encontrado un "rebusque", el de juntar algunas monedas limpiando vidrios de los automovilistas que se detenían en el semáforo de las avenidas Sáenz y Amancio Alcorta en el barrio porteño de Nueva Pompeya. En marzo de 2003, su misteriosa muerte quedó emparentada con un presunto enfrentamiento armado con la Policía, cuyos voceros informaron que habían abatido a un narcotraficante. Para su familia, se inició una dolorosa odisea, tanto para hallar su cuerpo sin vida, como para luego demostrar que fue ajeno al hecho que se le atribuye.

Cinco años más tarde, se inicia el juicio oral y publico contra el sargento Lucio Osvaldo Montero, quien integraba una brigada de calle de la seccional 52ª de la Policía Federal Argentina y se encuentra imputado por el "homicidio simple", en perjuicio de Lucas Roldán, de entonces 29 años. Una causa por la que le fue dictada la prisión preventiva y lo mantiene detenido desde junio de 2006. Los otros acusados, bajo el cargo de "encubrimiento agravado", aunque para la querella fueron partícipes necesarios del episodio, los oficiales Rubén Solares y Juan Alberto Monteyru serán sometidos en otro debate, ante la decisión de desdoblar el proceso.

Tal como informáramos en nuestra edición de ayer, a partir de hoy, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 26 estará a cargo del juicio, que prevé cinco jornadas de testimoniales, en la que desfilarán peritos balísticos, médicos forenses y otros expertos, debido a la inexistencia de testigos presenciales del confuso hecho. Las contradicciones expresadas por los efectivos que participaron del operativo en el sumario también pueden constituir un factor determinante, según manifestó la abogado de la familia de la víctima, Paula Squassi.

Cabe señalar que el 6 de marzo de 2003, Roldán había salido de su casa en la localidad de Rafael Castillo para dirigirse hacia Pompeya para cumplir con su labor de limpiavidrios. De acuerdo a la versión policial, fue ultimado a balazos en Villa Soldati cuando iba conduciendo un Fiat Duna y se enfrentó a tiros con la comisión policial de la seccional 52ª, quienes manifestaron que se trataba de un narcotraficante. Sus familiares no fueron informados del caso y ese mismo día denunciaron su desaparición, pero recién supieron del joven, seis días más tarde cuando reconocieron su cadáver en la Morgue Judicial porteña.

"Ni sabía manejar"

Elvira Rotela, la madre de Lucas Roldán, sabe que este juicio vendrá a remover el dolor y la odisea vivida en aquella oportunidad. "Sólo quiero que se haga justicia, como lo dije siempre desde que empezó esta lucha por la verdad. Esta gente va a tener su oportunidad de defenderse, la que no le dieron a mi hijo cuando lo fusilaron, aunque no será fácil tenerlos en frente, mirarlos a la cara y preguntarles porqué lo asesinaron".

Para la mujer no hay dudas sobre que todo lo que se dijo en torno a esta muerte forma parte de "una causa armada" y que su hijo se convirtió en "un chivo expiatorio" de un grupo de policías, que integraron una brigada de gatillo fácil. "Lucas se ganaba la vida en esa esquina, los vecinos y comerciantes lo conocían, no tenía problemas con nadie, pero fue víctima de estos criminales. Una vez que lo fusilaron, lo convirtieron en un delincuente vinculado al narcotráfico y hasta utilizaron un periódico barrial de Villa Lugano para justificar su accionar, publicando la nota con el título: Uno menos", expresó.

La trama de encubrimiento se extendió casi por una semana, pero ni siquiera cuando lograron hallar el cuerpo, al que tuvieron que identificar en la morgue, pudieron detener las irregularidades. Al respecto, Elvira Rotela ha venido denunciando que "nunca dejaba de venir a su casa y cuando fuimos a la comisaría 34ª, de la zona de Pompeya, dijeron no saber nada. Intentaron ocultar todo y esa odisea que duró seis días fue terrible, aún tengo muy frescos los recuerdos de quienes negaban todo y después se acusaron entre ellos".

Sobre el trágico desenlace, la mamá de Lucas Roldán precisó que "colocaron el cuerpo sobre un auto, que no funcionaba, y sin saber que mi hijo no sabía manejar. Además, era netamente zurdo y el arma la pusieron en su mano derecha. Lo acusaron de ser narcotraficante y ni siquiera tenía un antecedente penal, ni consumía drogas. Y hasta negaron su existencia, hasta que apareció en la morgue, desde donde nos llamaron para decirnos que había un cuerpo con sus rasgos físicos, pero que pertenecían a un delincuente abatido".